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La poesía es resistencia

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Entrevistas a autores

Para mí el acto de escribir es el acto de hacer memoria de una lengua que no ha tenido la oportunidad de expresarse

 

Por Alejandro Ortega Neri.

La poesía es palabra que salva de los naufragios, que cura de las heridas, que cobija ante el crudo frío de la realidad, que extrae sonrisas y regala atisbos de felicidad. Pero es también palabra de resistencia, gritos desesperados que visibilizan y se adhieren a la memoria para recordar quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seremos. Así es la poesía de Huber Martínez Calleja mejor conocido como Hubert Matiúwàa, poeta originario de la nación Mè’phàà asentada en las montañas de Guerrero, quien escribe poesía en su lengua como una acto de reivindicación política, para demostrar que su cultura sigue viva y en resistencia, a pesar de todas las políticas hegemónicas de exclusión y exterminio.

Hubert Matiúwàa (Malinaltepec, Guerrero; 1986) forma parte de una joven generación de poetas que están escribiendo en su propio idioma y por ende, visibilizando a esa cultura de la que provienen. Estudió la licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de Guerrero y la maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Hubert ha sido reconocido con el V Premio de Literaturas Indígenas de América (PLIA) en 2017  por su obra  Las sombrereras de Tsítsídiin   que aborda la delicada situación de la mujer y las luchas sociales de las comunidades además del Premio a la Creación Literaria en Lenguas Originarias Centzontle y el Premio Estatal de Poesía Joven del Estado de Guerrero.

Su primer libro se llama Xtámbaa/ Piel de la tierra   y el próximo 7 de agosto en el Palacio de Bellas Artes presentará su más reciente obra titulada Tsín rí nàyaxà’/Cicatriz que te mira, el cual prologa él mismo para expresar que quienes escriben en su idioma son llamados poetas indígenas, lo que para Hubert no es correcto, pues la poesía indígena no existe porque es un categoría racial más que sirve para diferenciar las clases sociales. “Donde viva una lengua siempre va a existir poesía” enfatiza.

Hubert Matiúwàa estuvo en Zacatecas para participar en un diálogo en torno a literaturas indígenas contemporáneas, junto a los también creadores Marceal Méndez y Nadia López, en el marco del Festival Zacatecas Internacional del Folclor, mesa en la que se discutió de temas como la oraliteratura, la memoria y la resistencia de las culturas y lenguas originarias ante el embate de la globalización. Ahí pude platicar con Hubert a quien escuché por vez primera en la FIL Guadalajara de 2017 cuando recibió el premio.

 

AON.- Háblame de la importancia de escribir en una lengua originaria, en este caso en tu idioma, Mè’phàà.

HM.- La escritura en los pueblos es reciente, en los libros –especifica-, porque hay otras como son en los tejidos. Pero la escritura de los libros es muy reciente y surge porque también los pueblos enfrentan la necesidad de sobrevivir. El hecho de empezar  a escribir es también un acto de sobrevivir ante una nueva situación que nos impone un sistema global, por eso los pueblos también empezamos a escribir nuestro pensamiento. Entonces surge la necesidad de sistematizar este tipo de pensamientos, pero a la hora de sistematizar, de empezar a escribir qué es lo que pierde un pueblo, – porque la escritura lo que hace es petrificar un pensamiento-  los discursos son dinámicos y obedecen a la necesidad de ese pueblo que asume la responsabilidad de dar respuesta a una preocupación. Cada pueblo va a interpretar de acuerdo a sus problemas.

AON.-  Teniendo en cuenta que es tan reciente la escritura, ¿cómo ha recibido tu comunidad la poesía y cuál es la preocupación manifiesta?

HM.- La creación obedece al tiempo en que se vive. Siempre la inquietud de escribir y contar cosas está relacionado estrictamente con la realidad y nosotros que vivimos en la zona de la montaña de Guerrero hemos sido afectados directamente con toda la violencia porque cambió la forma de vida, cambiaron los trabajos, cambio la forma de la economía, cambio todo, es inevitable que no  empieces a escribir sobre esta situación.

Yo creo que para la comunidad ha sido una cosa complicada, porque antes de escribir son historias que se viven allá, y entonces la creación no parte de algo fuera de la realidad sino que aborda puntos que duelen a la misma comunidad o a la gente desde las historias; tienen nombre, tienen apellidos, son personas. Es complicado. Doloroso.  Pero sí es necesario nombrarlo, porque si no se nombra pasa desapercibido. Y la poesía intenta abordar ese tema pero desde su propio lenguaje.

Obviamente los pueblos están buscando las soluciones, protestando contra la violencia, pero creo que la creación es como un grano de arena para aportar con el leguaje de la poesía, que éste llegue a muchas más personas que seguramente están viviendo lo mismo, no necesariamente en Guerrero sino en Veracruz, Chiapas o en las zonas del norte. Es inyectar. Llegar a oídos, a ojos, para empezar a sensibilizar a través de la palabra. La poesía  lo que intenta es humanizar al otro a través de tu lenguaje, de tu historia y concientizarnos de lo que no sucede como país.

 

 

AON.- La poesía es resistencia

HM.- Sí, exacto. Desde los años 70 la lengua en las comunidades comenzó a tener otro sentido, distinto, gracias a los maestros bilingües. Para mí el acto de escribir es el acto de hacer memoria de una lengua que no ha tenido la oportunidad de expresarse en el medio de la escritura, es una lengua que tiene sus bases de creación en la oralidad, entonces  empezar la escritura es la idea de dar esperanza a las nuevas generaciones de distintas expresiones que existen hoy, eso permite que la cultura siga manteniéndose fuerte y viva. Me parece que en ese sentido la escritura es parte de esta resistencia en general, para generar más vida.

AON.- ¿Cuándo o cómo decidiste que querías escribir poesía en tu idioma?

HM.- Todos nosotros venimos de la memoria oral, entonces alguien te cuenta historias en todo momento y llega el momento en que tienes necesidad de contar historias. Es como cuando alguien lee muchos libros en un momento termina escribiendo algo; de tanto escuchar mucho terminas contando.  La creación parte también de saber escuchar al otro y de ahí empecé como queriendo contar cosas y pues ya en la escuela decidí contarlo pero por escrito. Las cosas que sentí inevitablemente salieron en idioma mè’phàà, mi idioma materno con el que conocí el mundo. Empecé a explorar cosas muy profundas que salieron en mi lengua, no fue una decisión, sino una consecuencia.

Además de traducir sus propios poemas al español, a Huber Matiúwàa  le gustaría traducir a su idioma Caminar el miedo, poemario del también guerrerense Ángel Carlos Sánchez, el cual, me dice, le ha gustado bastante y tendría mucho sentido a la hora de traducirse a su lengua.

Pero a Hubert le ha interesado también, en diferentes momentos de su vida y formación, la poesía de Max Rojas, Mario Santiago Papasquiaro  y Roque Dalton, aunque por el momento se está concentrando en el pensamiento filosófico de América Latina el cual considera es necesario conocer para entendernos como continente y luego dialogar con otras culturas.

AON.- La poesía en tu idioma es resistencia ante el olvido y la exclusión, pero ¿cómo enfrentan los pueblos el embate de la globalización?

HM.- La globalización es una ideología detrás de una economía, en ese sentido cuando llega a una comunidad obviamente cambia la forma de ese pueblo, pero sobre todo las relaciones económicas; por ejemplo desaparece el trueque y aparece el dinero como base  para acceder a salud  y en una comunidad donde no tienes trabajo te mueres. O para estudiar todo se mueve en función a una lógica de mercado, en ese sentido yo creo que el pensamiento de los pueblos ha sido desplazado, lo que ha pasado es que mucho de los que somos de pueblos hemos usado las herramientas tecnológicas para reivindicar ciertas cosas pero no es un mundo rosa, la globalización es violenta.

AON.- Has mencionado también que se debería exigir que en las universidades públicas de México se enseñen las lenguas, los idiomas originarios, ¿cuál crees que sería la vía idónea para lograr esto?

HM.- Hace falta un trabajo más amplio de conciencia. Primero del lenguaje; de la importancia de los idiomas que se hablan en México; segundo,  la gente que hablamos estos idiomas debemos empezar a asumir la responsabilidad que implica hablar un idioma y como sociedad exigir derechos, que se respeten los derechos que tenemos como sociedad de conocer otro mundo. Son 68 lenguas que se hablan en México y nada más nos han enseñado el español, cuando puede haber instituciones que nos pueden garantizar ese tipo de enseñanzas de manera gratuita.  O por ejemplo, por qué no apoyar a gente que es de los pueblos, que sale a estudiar, a trabajar, pero tiene que emigrar, por qué no exigir que ellos se dediquen a enseñar la lengua dentro de su comunidad y que se empiece a escribir, leer y pensar en la lengua, en vez de migrar. Las instituciones han sido omisas en esos aspectos, se hacen muchos eventos folclóricos pero es lo básico, maquillan muchas realidades, se tiene que partir desde abajo.

El libro Tsína rí/Cicatriz que te mira que Hubert Matiúwàa presentará el próximo martes 7 de agosto en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, presenta diversas formas de resistencia que buscan configurar la esperanza. El poemario cuenta la historia de una lucha generacional por la defensa de la identidad y el territorio que lleva a cabo una familia Mè’phàà, pero también aborda las diversas problemáticas originadas por el narcotráfico en la montaña guerrerense, uno de los estados más violentos del país y tierra caliente por antonomasia, y que debido al narco padece la migración de sus habitantes hacia las zonas de cultivo de amapola, así como la explotación de la niñas y niños para la raya. De ahí pues, aunque dolorosa, la poesía de este joven guerrerense se nos viene a presentar como un arma de memoria, identidad y amor por la cultura mexicana, que podemos sumar a nuestra panoplia para resistir al mundo que parece, se cae a pedazos.

A continuación el poema Adá/El niño, incluido en su poemario Cicatriz que te mira.  

Adà

Nìguwá gí’yáà ènè xàbò tsí jùdá ajwàn’ ná xuajñùún numuu rí nìgi’duu xkujndu khamí nangwá ì’gúùn mùtsañuú gajmíí i’wìí xàbò, tsetse ma’ nàwi’ñuú dxá’án tsú’kwè, ikhiin tsí nà’phò xuwi ná ndawaá xuajñàn ló’, ikhiin tsí nùrigú amaà’ ná ajwàn’ xkàradi, ikhiin tsí nùkuxè jnàwùún khamí nònè ngínií ijíín gò’ò ná júbàá.

Xó ma’ ikhaa nìnìñuu xndú tsígun’ ná awùún rómbò ná ikhoo idi rí jàgù tsíngína, khamí nìnìñuu ìgì’ tsí mixtìín ná awùún xnú’ndoo mbro’on, khamí nìnìñuú ná awùún ixè kafé tsímbi ná nàxtráka mìnà’ rí tsíngína ló’.

Xó ma’ ná awùún ìtsuu nì’kà ràgajàà iya idùún ijíín gò’ò Marutsíí tsí nimbáxuún gàjmìí, ijíín gò’ò tsú’kwè nìndxá’wè ná nìtuxuù yujndà’ khamí ìtsí, rí màxá’gá jí’yáà gònè xàbò.

Xàbò tsí judà ajwàn’ nìxùdaa xtá inuu, khamí nìstrákèè mbá xkamídá rí mbijwà ná xpaphòò, atsú tsákuun iduu àñà’ ná ñawúùn, ikànjgó ikhaa nìgí’dúù nìgudiín xàbò mí ni’gií rí tsíngína inuu ixè xaphoo xuajñúùn.

Numuu mbi’i rú’kwè, nakhi rí nìgàji’yaà nuthèèn rí tsàá xàbò júbà ñajwàn xò’, maján ènè xò’ ñajun rú’kwè mé’ numuu rú’kwè tsetse nàguwá xàbò tsí nagòó ju’diín ijíín xuajen. khamí nudii ga’khò ná ñawùún èjèn tsú’kwè

 

El niño

Vinieron a buscarlo al pueblo porque no había para donde darle y atorarle con los contras, se hacía costumbre ver a los zopilotes carroñar en las mojoneras, bajar los ayates de las redilas y esculcar las enaguas, buscando carne.

Él dejó sus canicas en la cuarta del rombo, en la raya con nubarrones de nostalgia, dejó los peces multicolores con los sueños de la noche y dejó entre los cafetales los columpios colgados donde se mece la miseria.

En sus huesos, fue creciendo el llanto de sus amiguitas, las niñas de Marutsíí, que pedían oído al polvo y a las piedras para que no se lo llevaran.

Lo encapucharon con escamas de la tarde y le colgaron un cuerno de chivo, tres rosarios del ojo de venado y se dispuso a cazar hombres y a sentar la muerte en su mesa.

Desde entonces, dicen que los de la Montaña somos buenos para eso y no dejan de venir para llevarse a los niños y sembrarles la muerte en las manos.

 

Fuente:www.larealidad.com.mx

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